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II.
ANTECEDENTES Y ENTORNO
A
efecto de contar con elementos que permitan ubicar el marco en el cual
se generan los hechos materia de este Informe Especial y el escenario
en donde se inserta la investigación realizada por la CNDH, es
necesario referirse, así sea brevemente, a las circunstancias políticas,
sociales y económicas antecedentes y a los sucesos que se consideran
como sus principales detonantes.
En
ese sentido, no se pretende exponer una historia o crónica puntual
acerca de los sucesos ocurridos en este periodo, más bien se hace
una referencia del contexto en que se inscriben las desapariciones objeto
de la investigación de esta Comisión Nacional y debido a
la diversidad de las fuentes consultadas, sus afirmaciones pudieran no
ser del todo exactas, lo cual no implica por parte de esta Comisión,
ningún juicio de valor respecto de los grupos a que se alude.
En
cuanto al surgimiento de los grupos durante el periodo de referencia,
vale decir que éstos se caracterizaron por su dinamismo tanto estructural
como ideológico, así como, en algunos casos, por una constante
relación y escisiones entre unos y otros por motivos de ideas,
estrategias o tácticas, lo cual impide una tipificación
precisa e invariable de cada uno de ellos.
Por
lo que se refiere a las causas, no obstante las diferentes ideologías
y puntos de vista de los autores consultados, todos coinciden en señalar
como orígenes del problema una situación caracterizada por
graves circunstancias económicas, alto desempleo, escasez de alimentos
y habitación, problemas agrarios, delincuencia, así como
influencias externas, amén de surgir como una respuesta de los
activistas ante la política del gobierno en turno, lo cual generó
inestabilidad política y social en el país.
La
década de los 60 se sintetiza en la transformación que en
el curso de ésta ocurrió en el mundo: el transitar de la
bipolaridad a la multipolaridad, a partir del acuerdo de coexistencia
pacífica entre las dos superpotencias, con todas las crisis políticas
e innovaciones culturales y cambios sociales que produce el fin de una
época, sustentada en la centralidad dominante de dos cosmovisiones
hegemónicas y confrontadas, así como dos versiones del mundo,
convertidas para cada una de las dos sociedades y sus individuos, en el
núcleo duro del universo ideológico y conceptual, que tuvo
su correspondencia en la imposición de supuestos analíticos
y percepciones valorativas que llegaron, en el extremo ideológico,
a ser peticiones de principio con las cuales se oficializó el mundo
intelectual y científico.
La
bipolaridad dominante subordinó la temática intelectual
a la dinámica ideológica entre los dos bloques político-militares,
llamados "socialista" y "democrático", auto
referencia ideológica que construía al "otro"
a través de su estigmatización, calificándolo como
"totalitario" o "imperialista". En ambos casos se
llegó a expresiones extremas de imposición cultural. En
los dos extremos, el campo ideológico se redujo a blanco o negro
y el espectro posible de la interpretación del mundo al "comunismo"
y a la "democracia", como las dos únicas y posibles formas
de régimen político.
Con
ese marco, los movimientos estudiantiles detonan en América, Asia,
Europa y Medio Oriente. En África los estudiantes formados en las
universidades metropolitanas eran parte importante de las elites dirigentes
que promovían los procesos de lucha armada por la descolonización.
Aunque
los movimientos estudiantiles tienen elementos que pueden ser considerados
comunes en el mundo, las características de los países en
los que éstos tuvieron lugar, marcan un punto de diferenciación
entre ellos, no sólo en sus demandas particulares, sino, también,
en sus tipos de lucha y finalmente en la manera en que dichos procesos
sociales son enfrentados y "resueltos" por los gobiernos de
los Estados nacionales. Aunque es precisamente la sincronía por
encima de las diferencias de desarrollo económico, tradiciones
políticas y sociales, lo que marca su identidad y da sentido a
una década, troquelando el tiempo en la historia con los signos
que la identifican y constituyen su significado. Éste es el tiempo
en la historia del siglo XX en el cual se construye a la juventud como
categoría social de identidad y diferenciación.
En
el año de 1968 tuvieron lugar movimientos estudiantiles en Estados
Unidos, Japón, Francia y Alemania; en la Europa mediterránea,
en Italia y España; en los países latinoamericanos, en Argentina,
Bolivia, Brasil, México, Perú y Uruguay y en Medio Oriente,
en Turquía. Un elemento constante de los movimientos estudiantiles
en esta parte del mundo fue el antibelicismo que se expresaba fundamentalmente
en contra del intervencionismo norteamericano en la guerra de Vietnam.
En América Latina en particular, una de las causas ideológicas
de la movilización fue el repudio al bloqueo que Estados Unidos
impuso a Cuba y la denuncia del respaldo del primero a los gobiernos golpistas
de la región.
En
Europa Oriental hubo también movimientos estudiantiles en Polonia,
Yugoslavia y Checoslovaquia; en este último país, de manera
más amplia, tuvo lugar la llamada "Primavera de Praga".
En esa parte del mundo la lucha estudiantil se dio también por
la libertad y en contra de los valores establecidos del statu quo,
que aparecía también como una simulación ideológica
detrás de la promesa liberadora de los Estados socialistas agazapados
detrás de las prácticas totalitarias de Estado.
Pero
no todas las movilizaciones estudiantiles fueron movimientos sociales,
ni tuvieron el corte juvenil contestatario y transformador que buscaba
la construcción de una nueva moral pública y una nueva estética,
fundadas en otra escala de valores que influía en la percepción
del mundo frente a versiones agotadas del mismo. La contraparte estudiantil
de mayo de 68 en París y de la Primavera de Praga, fue la Revolución
Cultural china, en donde el movimiento estudiantil formado por los llamados
Guardias Rojas tuvo un objetivo restaurador del totalitarismo y un sentido
profundamente conservador de las tradiciones autoritarias del poder político.
En la Revolución Cultural, los sectores gobernantes más
conservadores movilizaron a los jóvenes fanatizados por la preservación
de la ortodoxia totalitaria.
La
importancia de estos movimientos se expresa en su capacidad transformadora
y en la reinterpretación de la historia a partir de esos acontecimientos.
La democracia y la lucha contra el autoritarismo y el totalitarismo encontrarán
en los movimientos estudiantiles del 68 a los creadores y escritores de
las nuevas verdades políticas e ideológicas que animaron
las batallas durante las tres décadas siguientes.
En
nuestro país, las características del ejercicio de la vida
política y de los actores participantes en ese momento, propiciaron
el origen del llamado movimiento estudiantil, el cual tomó fuerza
a raíz del enfrentamiento entre estudiantes de las vocacionales
2 y 5 y la preparatoria particular "Isaac Ochoterena", el lunes
22 de julio de 1968, sin desestimarse los antecedentes de Puebla en 1964,
Morelia en 1966, Sonora y Tabasco en 1967, así como la influencia
externa, ya que, debe recordarse, movimientos similares se produjeron
en otras latitudes durante los mismos tiempos.
Este
movimiento adquirió una gran dimensión debido a la unión
de estudiantes de diversas procedencias escolares, cuyas exigencias en
un principio solamente eran la destitución del jefe de la Policía
del Distrito Federal; sin embargo, en breve lapso evolucionó, agregándose
otras demandas, que a criterio de algunos observadores de la época
ya habían sido planteadas por organizaciones políticas y
grupos estudiantiles, y se desarrolló hasta el tristemente célebre
y fallido mitin de la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, el 2 de
octubre de 1968.
La
sucesión de los movimientos reseñados indica que no se trató
de hechos aislados, sino por el contrario, concatenados. En efecto, las
demandas acumuladas y no resueltas fueron el caldo de cultivo generador
de la respuesta de los grupos actuantes, sobre todo en la siguiente década,
quienes buscaron la manera de hacerse escuchar y cumplir sus demandas.
A esta parte de nuestra historia, la literatura y el medio periodístico
han dado en llamar la "Guerra sucia de los años 70".
Así,
en el escenario de la sucesión presidencial de 1970, mientras a
la vista se desarrolló una lucha político-electoral sin
sorpresas ni sobresaltos, decenas de activistas se ubicaron en la clandestinidad,
dedicados de tiempo completo a tareas propias, como paso previo y necesario
para el ulterior desarrollo de las acciones. En la mayoría de ellos
imperó la idea de que ya había pasado el tiempo de las discusiones
interminables y estériles: había llegado la hora de pasar
a los hechos, a la acción.
A.
LA ACCIÓN DE LOS GRUPOS
Entre
1973 y 1974 se exacerban las acciones guerrilleras y la contrainsurgencia.
La Liga Comunista 23 de Septiembre pasó a un primer plano del enfrentamiento
con el gobierno federal a partir del fallido secuestro y consiguiente
asesinato del empresario neoleonés Eugenio Garza Sada, en septiembre
de 1973. A este acontecimiento le sucede una etapa marcada por medidas
drásticas contra la guerrilla: la detención ilegal, la tortura
y la desaparición forzada e, incluso, probables ejecuciones extralegales
de militantes y dirigentes.
Entre
los principales grupos de activistas que después conformarían
las organizaciones guerrilleras de la época se encontraba el grupo
de "Los Procesos", donde confluyeron básicamente dos
vertientes. Por un lado, los cristianos socialistas de la "Organización
Cristiana Universitaria" (OCU) y del "Movimiento Estudiantil
Profesional" (MEP), con bases en Monterrey y la Ciudad de México,
dirigido por Ignacio Salas Obregón y, por otro lado, la corriente
de la "Juventud Comunista Mexicana" (JCM) que en diciembre de
1970 rompe, bajo el liderazgo de Raúl Ramos Zavala, con el Partido
Comunista, para encaminarse decididamente hacia la clandestinidad. En
su desarrollo, este grupo daría posteriormente su tonalidad y sus
características radicales a la Liga Comunista 23 de Septiembre.
Otro
grupo en la conformación de la Liga fue el que resultó de
la fusión entre el "Movimiento 23 de Septiembre", vinculado
a Chihuahua y a su historial guerrillero, con parte del "Movimiento
de Acción Revolucionaria" (MAR), integrado en su origen por
estudiantes mexicanos provenientes de la Universidad Patricio Lumumba,
de Moscú.
Otros
grupos participantes en la fundación de la Liga 23 de Septiembre
fueron el "Comando Armado Lacandones", integrado por activistas
de los Comités de Lucha del politécnico y —en menor medida—
de la UNAM, cuyos principales dirigentes fueron Carlos Salcedo, Miguel
Domínguez Rodríguez y David Sarmiento. De los mismos orígenes
sociales, pero con un sector ligado a Chihuahua, provenía el grupo
"Los Guajiros", cuyo principal dirigente era Diego Lucero.
Además,
en la conformación de la Liga participó la fracción
mayoritaria del "Frente Estudiantil Revolucionario" (FER) de
la Universidad de Guadalajara; los llamados enfermos de Sinaloa, con fuerte
presencia en la Universidad Autónoma de ese estado y un grupo articulado
en su origen al "Movimiento Espartaquista Revolucionario", con
presencia en Tamaulipas y Nuevo León, principalmente.
Las
principales acciones de la Liga fueron el ya mencionado intento de secuestro
y muerte, en septiembre de 1973, del empresario Eugenio Garza Sada, así
como el secuestro y posterior asesinato del industrial jalisciense Fernando
Aranguren, y el fracasado intento de secuestro de Margarita López
Portillo, amén de innumerables acciones "expropiatorias",
enfrentamientos armados con las fuerzas de seguridad y varios intentos
por implantar columnas guerrilleras en zonas rurales de Sonora, Chihuahua
y Oaxaca.
Otros
agrupamientos importantes de la guerrilla mexicana fueron la "Brigada
Campesina de Ajusticiamiento del Partido de los Pobres", dirigida
por el profesor Lucio Cabañas, que tuvo presencia básicamente
en el estado de Guerrero. En sus orígenes, Cabañas fue un
maestro rural militante del Partido Comunista Mexicano, que se radicalizó
en el ambiente de una lucha política y social que encaraba constantes
como la impunidad de los caciques y la represión de las fuerzas
policiales, sobre todo en las áreas rurales. Sus principales acciones
fueron, además de emboscadas al Ejército y a las fuerzas
de seguridad, el secuestro en 1974 del gobernador electo de Guerrero,
Rubén Figueroa.
También
tuvo impacto en la opinión pública el grupo comandado por
el profesor Genaro Vázquez Rojas, la "Asociación Cívica
Nacional Revolucionaria" (ACNR), con presencia principal también
en Guerrero, organización que no sobrevivió, como guerrilla,
a la muerte de su líder en febrero de 1972. Su acción más
conocida fue el secuestro de Jaime Castrejón Díez, en ese
entonces rector de la Universidad Autónoma de Guerrero, quien fue
canjeado por una decena de presos del movimiento armado, mismos que fueron
enviados a Cuba por el gobierno mexicano.
En
1973, una parte de Los Guajiros rehusó integrarse a la Liga 23
de Septiembre y en unión con otra fracción del "Frente
Estudiantil Revolucionario" (FER) constituyeron las "Fuerzas
Revolucionarias Armadas del Pueblo" (FRAP), de implantación
local en Jalisco. Este grupo fue responsable del secuestro del cónsul
estadounidense Leonhardy en mayo de 1973, del secuestro de José
Guadalupe Zuno, suegro del presidente Echeverría y se le atribuyó
oficialmente la muerte de Carlos Ramírez Ladewig, líder
moral de la "Federación de Estudiantes de Guadalajara"
(FEG).
Una
tercera y más pequeña fracción del FER de Guadalajara
se integró a la "Unión del Pueblo", grupo de orígenes
que después se transformaría en el "Partido Revolucionario
Obrero Clandestino Unión del Pueblo" (PROCUP) y que hoy ha
reaparecido bajo el nombre del "Ejército Popular Revolucionario"
(EPR). El rasgo característico de este grupo era, en aquel entonces,
la tendencia a detonar explosivos en lugares públicos, como forma
de protesta.
En
1969 se fundó en Monterrey la organización denominada "Fuerzas
Armadas de Liberación Nacional" (FALN): Este grupo no participaba
en acciones como secuestros o "expropiaciones", pues toda su
actividad estaba encaminada a crear una "fuerza estratégica"
en la selva chiapaneca. En 1974 es asaltada por la policía una
"casa de seguridad" de las FALN en Nepantla, estado de México,
y poco después muere en un enfrentamiento con el Ejército
su principal dirigente, Cesar Yáñez, en Chiapas. Las FALN
serían el origen del actual "Ejército Zapatista de Liberación
Nacional" (EZLN).
Existieron,
además, un cierto número de organizaciones más pequeñas,
que no lograron mayor trascendencia. Entre estos grupos estuvieron el
"Frente Urbano Zapatista" (FUZ), los "Comandos Armados
del Pueblo" (CAP), la "Liga de los Comunistas Armados",
entre otros.
Contra
estos grupos, la política antisubversiva se caracterizó,
al menos hasta 1981, por tener facultades prácticamente ilimitadas.
Su operación estuvo a cargo de grupos especialmente formados por
algunas corporaciones de la seguridad del estado, (Brigada Blanca o Brigada
Especial) encabezadas por la dirección Federal de Seguridad, como
podrá advertirse a lo largo de este Informe.
La
amnistía a los presos y prófugos de la guerrilla, así
como la reforma política de 1978, que legalizó a la izquierda
comunista, posibilitaron la incorporación de decenas de guerrilleros
y exguerrilleros a la vida civil y a la actividad política legal.
Sin embargo, algunos grupos y activistas clandestinos no reconocieron
la validez de este nuevo espacio político y continuaron con el
proyecto insurreccional, bajo la formulación genérica de
"guerra popular prolongada". De tal modo, la violencia continuó
hasta inicios de la década de los ochenta y se tradujo en acciones
armadas, enfrentamientos, con la continuación de los excesos de
los organismos antisubversivos y las consecuentes desapariciones forzadas
que engrosaron la relación de hechos ilegales, que aquí
se ha procurado documentar.
B.
LA RESPUESTA DEL ESTADO
Para
contrarrestar la acción de los grupos mencionados en el apartado
previo, en la zona urbana se integró la denominada "Brigada
Especial o Brigada Blanca", la cual estuvo conformada predominantemente
por miembros de la Dirección Federal de Seguridad, de la Procuraduría
General de la República, de la Procuraduría General de Justicia
del Distrito Federal, de la Dirección General de Policía
y Tránsito del Departamento del Distrito Federal, de la Procuraduría
General de Justicia del estado de México y del Ejército
mexicano, destinado a investigar y localizar por todos los medios a los
grupos citados, sobre todo a los miembros de la llamada "Liga Comunista
23 de Septiembre".
A
partir de sus investigaciones, la Comisión Nacional de los Derechos
Humanos se allegó de información relativa a detenciones,
interrogatorios, cateos y reclusiones ilegales, listas de personas que
estuvieron recluidas en el Campo Militar Número 1, en el cuartel
de Atoyac, Guerrero, en las instalaciones militares de diversas zonas
del país, en la base aérea de Pie de la Cuesta, en el estado
de Guerrero, y en las instalaciones de la Dirección Federal de
Seguridad, así como en cárceles clandestinas. De la misma
forma, obtuvo información sobre la eventual desarticulación
de los grupos a partir de la detención de sus integrantes, ejecutada
por agentes de la extinta Dirección Federal de Seguridad, integrados
a la "Brigada Especial o Brigada Blanca", al frente de la cual
estuvo el entonces subdirector de la Dirección Federal de Seguridad,
como responsable de la Comisión de Seguridad, y el entonces comandante
del 2o. batallón de la Policía Militar, como responsable
de las acciones directas de los órganos ejecutores, los cuales
estaban compuestos de ocho grupos operativos distribuidos en diversas
áreas, e integrados por personal selecto de las diferentes policías
del ámbito federal, estatal, municipal y el Ejército.
Igualmente,
las investigaciones permitieron corroborar la existencia de instalaciones
a cargo de los miembros de la mencionada "Brigada Especial o Brigada
Blanca" dentro del Campo Militar Número 1, la cual contó
con el apoyo de la División de Investigaciones para la Prevención
de la Delincuencia de la Dirección General de Policía y
Tránsito del Distrito Federal, tal y como quedó acreditado
con los documentos que esta Comisión Nacional tuvo a la vista y
de los cuales se desprende la participación de al menos 42 elementos
de la mencionada corporación.
La
"Brigada Especial o Brigada Blanca" tuvo a su cargo la responsabilidad
de enfrentar, a partir de junio de 1976, a los miembros de los grupos
que con antelación quedaron detallados; para ello, recurrió
con frecuencia a prácticas que se apartaban del marco jurídico
y propiciaban un estado de anulación de la personalidad de las
personas a su disposición, tal es el caso de: allanamientos de
morada, cateos ilegales, detenciones arbitrarias, torturas, privaciones
ilegales de la libertad, así como la desaparición forzada
que se les atribuyen, y las cuales quedaron acreditadas en los casos expuestos
en el apartado V del presente Informe Especial.
Es
importante señalar que el artículo 20 del Reglamento Interior
de la Secretaría de Gobernación, a la cual estaba adscrita
la Dirección Federal de Seguridad, vigente a partir del 16 de agosto
de 1973, asignaba a ésta la responsabilidad de vigilar, analizar
e informar de hechos relacionados con la seguridad de la Nación
y, en su caso, hacerlos del conocimiento del Ministerio Público
Federal; proporcionar seguridad, cuando se requiriera, a funcionarios
extranjeros que visitaran oficialmente el país, y, realizar todas
las actividades que en la esfera de su competencia le confiriera el titular
y a la Secretaría, así como otras disposiciones legales;
atribuciones idénticas se asignaron a esta Dirección en
los reglamentos interiores de la Secretaría de Gobernación,
publicados en el Diario Oficial de la Federación, de fechas
6 de julio de 1977 y 14 de junio de 1984.
A
su vez, la Dirección General de Investigaciones Políticas
y Sociales de la misma Secretaría tenía asignada, por virtud
del Reglamento publicado el 16 de agosto de 1973, la responsabilidad de
estudiar los problemas de orden político o social que le encomendara
el titular del ramo y proporcionar los informes correspondientes; auxiliar
en la investigación de infracciones a la Ley de Juegos y Sorteos,
y realizar todas las actividades que, en la esfera de su competencia,
confirieran a la Secretaría otras disposiciones legales.
A
las responsabilidades anteriores se agregaron, por disposición
del Reglamento publicado el 6 de julio de 1977, las de organizar la documentación
que se elaborara como resultado de las tareas de investigación
realizadas; organizar un centro de documentación con libros, revistas,
publicaciones y material informativo sobre los problemas políticos
y sociales del país, para consulta interna de la Secretaría,
y efectuar encuestas de opinión pública sobre asuntos de
relevancia nacional, las cuales se reiteraron en el Reglamento publicado
el 14 de junio de 1984.
Posteriormente,
mediante decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación
el 21 de agosto de 1985, la Dirección Federal de Seguridad y la
Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales
desaparecieron, años antes se había anunciado públicamente
la disolución de la denominada "Brigada Especial o Brigada
Blanca," sin dejar de lado los señalamientos y acusaciones
que enfrentaron un buen número de sus miembros, por su actuar al
margen de la ley.
Al
desaparecer la Dirección Federal de Seguridad se creó la
Dirección General de Investigación y Seguridad Nacional,
con las atribuciones de vigilar e informar sobre los hechos relacionados
con la seguridad de la Nación y, en su caso, hacerlos del conocimiento
del Ministerio Público Federal; realizar las investigaciones y
análisis de los problemas de índole política y social
del país que le encomendara el titular del ramo; realizar encuestas
de opinión pública sobre asuntos de interés nacional;
proporcionar seguridad, cuando se requiera, a funcionarios extranjeros
en visita oficial al país; las demás funciones que las disposiciones
legales y reglamentarias le atribuyeran, así como las conferidas
por el titular del ramo.
Por
otra parte, en la zona rural, específicamente en el estado de Guerrero,
la respuesta del Estado se enfocó en los términos contenidos
en un documento localizado en los archivos de la hoy extinta Dirección
Federal de Seguridad, en resguardo del Centro de Investigación
y Seguridad Nacional, de fecha 7 de julio de 1972, en el cual cuatro agentes
informaron al entonces Director Federal de Seguridad sobre la situación
que privaba en dicho estado y solicitan el apoyo del Ejército mexicano
para realizar de una manera adecuada sus acciones, con una estrategia
que de manera literal consigna lo siguiente:
Ante
la situación que priva principalmente en el área correspondiente
a la sierra de Atoyác de Álvarez, Gro., la D.F.S. en
lo que corresponde al análisis y proceso de la información,
así como del conciensudo (sic) estudio de los antecedentes
en que se inició y fomentó la subversión en la
región desde la formación de pequeños círculos
de estudio hasta la politización de los sectores magisterial,
estudiantil y campesino, así como la actuación clandestina
de la organización del llamado PARTIDO DE LOS POBRES, en esta
primera fase de la Insurrección, logró lo que ninguna
organización había obtenido, la de unificar a los grupos
clandestinos de izquierda, actuantes en el país, y por lo que
corresponde a ésta área donde actúa, tendió
su red de información, abastecimientos y protección
dentro de las áreas rural y urbana; pudiendo notarse principalmente
que si bien los pobladores de la región no participan, no denuncian
por temor al grupo Operativo lo que significa que cuentan con el apoyo
y la simpatía de los habitantes de la Zona. Durante el tiempo
que llevaba activa esta organización, había operado
dentro de la fase subversiva, y sus máximas actividades habían
sido las de extorsión a particulares, asalto a instituciones
bancarias y secuestros, de donde sus dirigentes pudieron analizar
los actuantes, tomando principalmente en consideración que
eran elementos jóvenes, y así como ideológicamente
preparados, política y militarmente definidos en la línea
dura.
[...]
Se
hace notar que el grupo no sale de la propia región perteneciente
al Municipio de Atoyác
El
armamento con que contaban, lo han ido mejorando progresivamente,
por medio del producto obtenido durante sus actividades, habiendo
iniciado éstas con armamento deficiente, pero en la actualidad,
poseen armas del tipo automático y de alto poder como lo es
el que últimamente adquirieron al emboscar al personal del
50o. Batallón de Infantería, consistente en 4 fusiles
automáticos ligeros, 6 mosquetones cal. 7.62 y una carabina
M-2, así como la dotación respectiva de municiones.
[...]
A raíz de atentado llevado acabo por dicho grupo el 25 de junio
de 1972, se destacaron por parte de la Secretaría de la Defensa
Nacional, a través de la 27a. zona militar, fuerzas que llevan
a cabo operaciones para localización, captura o exterminio
de esta GUERRILLA, para el efecto, se encuentran actualmente operando
en el área crítica, un promedio de 360 hombres, a base
de pequeños grupos con efectivos no mayores de 33 hombres,
constituyendo 9 grupos denominados AGRUPAMIENTO, al mando de un oficial
cada uno.
Por
las propias características del área, y la falta de
comunicaciones, han encontrado ciertas dificultades para sus abastecimientos,
lo que los obliga a desarrollar grandes esfuerzos físicos y
sometidos a una tensión moral, lo que obligará a relevarlos
con tropas de refresco que no hay en el mando territorial de la 27a.
zona militar, por lo que será necesario reforzar a dicho mando,
con tropas procedentes de otras partes de la República.
Es
necesario, para poder contrarrestar las actividades que desarrolla
este grupo, en el medio urbano y rural, emplear las mismas técnicas
que ellos, utilizando fuerzas de golpeo que en forma clandestina actúan
directamente en contra de los miembros ya identificados y ubicados,
para quebrantarlos moral y materialmente, hasta lograr su total destrucción.
Se
requiere, para lograr lo anterior, el apoyo material y moral, por
parte de las autoridades en todos los niveles.
La
respuesta gubernamental a las acciones de los grupos y, sobre todo, el
actuar de los servidores públicos del Estado mexicano en la zona
urbana y rural a que se alude en el presente Informe Especial, no se basó
en atribuciones conferidas por el marco jurídico para enfrentarlas
dentro de los límites de la ley, ofreciendo a los probables responsables
de delitos todas las garantías de defensa previstas en la Constitución
General de la República y sólo limitarles sus derechos mediante
juicio en el cual se respetaran la formalidades esenciales del procedimiento,
sino, por el contrario, la regla general fue traspasar los límites
de la legalidad, como se aprecia y se acredita en el apartado V de este
Informe Especial en donde se abordan en particular los casos de cada uno
de los agraviados.
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