“No os recibimos como náufragos de la persecución
dictatorial, sino como a exponentes de la causa
imperecedera de las libertades del hombre.”
Lázaro Cárdenas
Militar y político

 

El 13 de junio de 1939, el buque Sinaia llegó a México con casi mil seiscientos refugiados españoles, combatientes en la Guerra Civil. Este hecho marcó el inicio de la llegada masiva del exilio español al país .[1]

Dos décadas de existencia tuvo el buque Sinaia; durante ellas transportó no sólo a republicanos españoles, sino a muchos libertarios internacionales. Por eso se le conoció como “El Buque de la Vida”, y los nazis lo tuvieron en su mira hasta lograr hundirlo.

Para el tema que aquí nos atañe, el 25 de mayo de 1939 el buque zarpó de Sète, Francia. En él iban hombres y mujeres, adultos, jóvenes, menores, intelectuales, obreros, campesinos... Todas y todos, republicanos. El viaje duró 19 días y aunque se realizaron dos escalas, en Madeira y en Puerto Rico, los pasajeros no pudieron bajar a tierra.

El 13 de junio, el Sinaia llegó al puerto de Veracruz. Allí desembarcaron mil seiscientos pasajeros (953 hombres, 393 mujeres y el resto niños de menos de quince años). Fueron recibidos por el pueblo mexicano con grandes y conmovedoras muestras de solidaridad y cariño. Del mismo talante fueron las palabras de bienvenida de Ignacio García Téllez, Secretario de Gobernación de México .[2]

El acontecimiento pudo darse gracias al acuerdo entre el entonces presidente Lázaro Cárdenas y el embajador español Félix Gordón Ordás, y a la intensa labor de Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles y el Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles[3] , quienes se encargaron de organizar y realizar la movilización.

En este mismo buque llego el fotógrafo Julio Mayo, a quien precisamente se le conoce por sus instantáneas de la Guerra Civil Española. También arribó gran número de científicos españoles. Fue una inyección de personajes instruidos, potenciadores inmediatos de disciplinas en ciernes e importantes respaldos para la formación de nuevas generaciones de investigadores y académicos. De igual forma llegaron poetas, escritores, artistas; entre ellos se recuerdan nombres como Pedro Garfias, Tomás Segovia, Ramón Xirau, José Gaos, Eduardo Nicol, Adolfo Sánchez Vázquez, Manuel Andújar y Benjamín Jarnés[4] , entre más.

La llegada de todos estos personajes contribuyó al avance de las ciencias, las artes y las humanidades en instituciones de educación superior no sólo de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, sino también del Instituto Politécnico Nacional y de la Casa de España (hoy, El Colegio de México). Impulsaron a la par otras entidades académicas mexicanas, como el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Escuela Nacional de Antropología y el Fondo de Cultura Económica .[5]