“La ocasión me permite expresarles no sólo mi sincera
felicitación por el Día del Maestro, sino también
manifestar mi admiración y respeto por la encomiable
función que desempeñan; y es un privilegio invaluable,
porque estar al frente de esta gran institución educativa,
compartiendo con ustedes uno de los mayores retos y
compromisos nacionales, es una experiencia muy
satisfactoria.”

Manuel Quintero Quintero
Director General del Tecnológico Nacional de México
 

Los diputados Benito Ramírez y Enrique Viesca en 1917 propusieron al presidente Venustiano Carranza fuera establecido el 15 de mayo para reconocer la gran labor que realizan los docentes en nuestro país. Debido a lo anterior en 1918 por decreto presidencial, se inicia con esta conmemoración establecida como el Día del Maestro[1].

Una de las cualidades del gremio educativo es estar en todas partes, desde el rincón más alejado y agreste del país hasta el barrio más céntrico de cada ciudad. Históricamente la presencia de los maestros ha sido relevante para generar vínculos, valores, en la vida familiar y social y en la construcción de comunitaria.

Actualmente, en México se cuenta con un poco más de 2 millones 66 mil profesores en las 454 mil 785 escuelas que se tienen contabilizadas, de acuerdo con datos de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Sistema de Información y Gestión Educativa (SIGED) [2].

Otra característica del magisterio ha sido su lucha por mejorar sus condiciones de trabajo y salariales, así como por alcanzar la autonomía y la democracia de sus organizaciones sindicales. Los constantes enfrentamientos con los sectores burocráticos administrativos de la educación pública nacional ha sido una constante. En torno a ellas los profesores defienden su trabajo, sus anhelos de mejora en derechos laborales, el obtener el completo dominio sobre su materia de trabajo, situación que debe ser estudiada y comprendida por amplios sectores de la población. Durante los últimos doscientos años los profesores y profesoras de enseñanza elemental ha sido una piedra fundamental en la construcción de las capacidades culturales que han permitido el progreso de amplios segmentos de la población. Sin embargo este importante sector social ha sufrido la discriminación económica, política e incluso racial en múltiples ocasiones de la historia de México.

Desde el surgimiento de México como país, la necesidad e importancia de los Maestros, se hizo presente, se planteó la urgencia de contar con profesionales de la docencia dedicada a la enseñanza básica se impulsaron diversos procesos desde entonces. Durante el fin de la Guerra de Independencia se contrataron los servicios de una compañía que impulsaba la “enseñanza mutua” creada en Gran Bretaña por Joseph Lancaste y Andrew Bell; La Constitución de 1824 puso en manos de los gobiernos estatales establecer las instituciones educativas que se requirieran; las Reformas liberales de 1833 para terminar con el carácter privado de la religión, y el carácter absolutista de la iglesia llevo a la creación de la escuela normal, y de estudios superiores, y a la creciente necesidad de profesionales de la Educación. Durante la invasión norteamericana en 1846 Vidal Alcocer impulso la creación de la sociedad de beneficencia para la educación, donde los profesores laboraban con los hijos de los más pobres[3].

Otro proyecto educativo del SXIX que contó con la intensa participación de maestros normalistas fue encabezado por el liberal potosino Ponciano Arriaga quien implemento la iniciativa de crear una institución para los más vulnerables los segmentos sociales en situación de precariedad, logrando establecer la “Procuraduría de los Pobres” en su estado natal facultada para exigir de las autoridades la inmediata reparación de cualquier agravio en el orden judicial, político o militar y si era omisa hacerlo público y obligarla a cumplir con su deber; con respecto a la educación reclamaba que el Estado se hiciera cargo de solventar los costos del vestido, calzado alimentación y útiles, y respecto a los profesores que debían “ser depositarios de una conducta apegada a la sana moral, ser ilustrados y virtuosos, tener la cordura y paciencia necesaria que les permitiera formar ciudadanos útiles al estado, puesto que los jóvenes eran la esencia misma de la futura dicha de la comunidad”. Durante el Porfiriato las condiciones en que trabajaban los docentes de enseñanza básica, era confuso, agobiante inestable, con profundas diferencias laborales, escuelas alejadas y también profesores ambulantes que se trasladaban de comunidad en comunidad, tan difícil era cumplir con esa tarea que las autoridades establecían cumplir el programa de manera completa o reducida, aun con las reformas de Justo Sierra se consideraba que el magisterio era un apostolado de la cual no podía renegar.

Después del periodo revolucionario durante los trabajos del Congreso Constituyente la participación del gremio normalista tuvo una significativa presencia con 19 delegados egresados de escuelas Normales, como Esteban Baca Calderón, Jesús Romero Flores, Luis G Monzón y otros[4] después de profundas discusiones, finalmente en el Artículo 3º de la Constitución de 1917 referente a la Educación, se aprobó que debería ser libre pero laica, prohibía a ministros de cultos religiosos establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria, dado que ese nivel educativo seria impartido gratuitamente por el Estado[5].

La labor del maestro ha estado vinculada al desarrollo y transformación del país. En las comunidades, sobre todo rurales el maestro de la escuela se constituía en la figura principal, ya que normalmente pertenecía a la misma comunidad o se integraba igualitariamente, aprendían con la comunidad y la enseñanza la basaban en las necesidades y saberes de la misma. Con el desarrollo urbano y crecimiento de las grandes ciudades, la relación maestro comunidad se ha venido distanciando, sin embargo en muchos lugares perdura, y aun en las zonas urbanas el vínculo que se establece entre maestros y educandos sigue aportando a la cohesión y conformación comunitaria

Es importante recordar que por su carácter de derecho habilitante, la educación es un instrumento poderoso que permite a los niños y adultos que se encuentran social y económicamente marginados salir de la pobreza y participar plenamente en la vida de la comunidad. La Educación es un derecho humano fundamental que ocupa el centro mismo de la misión de la UNESCO y está indisolublemente ligado a la Declaración Universal de Derechos Humanos (1948) y a muchos otros instrumentos internacionales en derechos humanos[6].

 

[1] https://www.gob.mx/sep/articulos/feliz-dia-de-las-y-los-maestros
[2] https://www.planeacion.sep.gob.mx/Doc/estadistica_e_indicadores/principales_cifras/principales_cifras_2018_2019_bolsillo.pdf
[3] https://www.porrua.mx/libro/GEN:9786078520442/en-defensa-de-las-luchas-magisteriales/avila-carrillo-enrique/9786078520442
[4] http://biblioteca.diputados.gob.mx/janium/bv/dp/hist_cong_const.pdf
[5] https://www.porrua.mx/libro/GEN:9786078520442/en-defensa-de-las-luchas-magisteriales/avila-carrillo-enrique/9786078520442
[6] https://es.unesco.org/themes/derecho-a-educacion