“Los niños necesitan paz y protección en todo
momento. Las reglas de la guerra prohíben la
captura ilegal de civiles, los ataques a escuelas u
hospitales, el uso, el reclutamiento y la detención
ilegal de niños y la denegación de asistencia
humanitaria. Cuando surgen conflictos, estas
reglas deben ser respetadas y quienes las
incumplen deben rendir cuentas. Ya basta. Hay
que poner fin a los ataques contra los niños.”
[1]
Henrietta H. Fore
Directora Ejecutiva de UNICEF
2018

El 19 de agosto de 1982, en su período extraordinario de sesiones de emergencia sobre la cuestión de Palestina, la Asamblea General de Naciones Unidas, bajo la Resolución ES-7/8, decidió conmemorar el 4 de junio de cada año, como el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión.[2]

Esto tiene como propósito reconocer el dolor que sufren los niños en todo el mundo al ser víctimas de maltratos físicos, mentales y emocionales. Este día afirma el compromiso de las Naciones Unidas de proteger los derechos del niño.[3]

Cabe destacar lo siguiente: en los últimos diez años más de un millón de niños han perecido como resultado de guerras entre los adultos, por ser objetivos civiles o en combate como niños soldados. El número de niños heridos o discapacitados es tres veces mayor al de los muertos, además de aumentar también los casos con enfermedades, malnutrición y de víctimas de violencia sexual, con más dificultades y penurias.[4]

Frente a los horrores de la guerra, incontable número de niños ha debido enfrentar la angustia de la pérdida de sus hogares, pertenencias, y personas cercanas. Esto conlleva traumas emocionales que los marcan y cambian para siempre.[5]

Por ello, en 2002 se adicionó un Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño relativo a la participación de los niños en los conflictos armados: prohíbe enrolar a niños y jóvenes menores de dieciocho años para utilizarlos en conflictos armados. Su entrada en vigor representa un enorme logro en favor de la infancia. Sin embargo, no es la única respuesta para enfrentar los abusos diarios contra los derechos humanos de los miles de soldados menores de edad, víctimas de situaciones que jamás comprenderán. Para lograr el cumplimiento del mecanismo por parte de los Estados del mundo es necesaria una capacidad de liderazgo político centrada en los derechos de los niños y niñas, y no sólo durante los conflictos, también cuando terminan. [6]

Conforme al tema, México cuenta con la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes: establece que las personas menores de dieciocho años tienen derecho a una vida libre de violencia, a la integridad personal, y no ser víctimas de algún tipo de maltrato, abuso o explotación.[7]

En 2015 el Instituto Nacional Electoral (INE) organizó la Consulta Infantil y Juvenil, donde participaron 2,916,686 personas menores de edad expresando su percepción acerca de la violencia en la familia, escuela y su comunidad. En la categoría de 6 a 9 años (1,140,516 participantes), 11.9% de los consultados dijo haber sido golpeado(a) por su familia; 10.9%, haber sufrido ofensas por parte de maestros(as), y 75.4% manifestó no sentirse seguro(a) en la calle.[8]