“Los conflictos armados, el desplazamiento,
el cambio climático, los desastres naturales
y la pobreza exacerban la vulnerabilidad y la
desesperación que permiten que la trata
prospere.”

António Guterres
Secretario General de las Naciones Unidas
2019

 

El 18 de diciembre de 2013, la Asamblea General de las Naciones Unidas, mediante su resolución A/RES/68/192, designó al 30 de junio como Día Mundial contra la Trata de Personas, invitando a los Estados miembros a confrontar los factores sociales, económicos, culturales, políticos y de otra índole que hacen a las personas vulnerables a la trata, como son la pobreza, el desempleo, la desigualdad, las emergencias humanitarias (incluyen los conflictos armados y los desastres naturales), la violencia sexual, la discriminación por motivos de género, la exclusión y marginación sociales, y la cultura de tolerancia hacia la violencia contra las mujeres, la juventud y la infancia[1]

Antes de esto, en 2010, esa Asamblea General había aprobado el Plan de Acción Mundial de las Naciones Unidas para Combatir la Trata de Personas, a través de la resolución A/RES/64/293, con el fin de promover la ratificación universal de la Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional y el Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas, Especialmente Mujeres y Niños[2]

La trata de personas es un delito que explota a mujeres, niños y hombres con numerosos propósitos, incluidos el trabajo forzoso y la explotación sexual. El Protocolo para Prevenir, Reprimir y Sancionar la Trata de Personas brinda la definición de “trata de personas”: es la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación[3]

Los riesgos de ser víctima de trata de personas se deben a factores como, por ejemplo, la presencia de crimen organizado en la región, los niveles de desarrollo o los patrones irregulares de migración. Niñas y jóvenes en condición de pobreza, mujeres indígenas o jóvenes migrantes son más susceptibles a caer en estas redes de trata de personas, pero cualquier persona puede ser víctima de este delito. En la actualidad los grupos delictivos han aprovechado el uso de las redes sociales entre la población joven para engañarla y obtener sus datos personales, [4]y a través de ellos lograr su atención y captura para hacerlos víctimas de la trata.

Por otro lado, en 2018 la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) emitió el Informe Mundial sobre la Trata de Personas. Destaca que el 72% de las víctimas mundiales de 2018 son del género femenino: en 49% de los casos se trata de mujeres adultas; en 23%, de niñas. La información representa un incremento en relación con el informe anterior, de 2016[5]

Lo anterior es consecuencia que en muchos países las víctimas llegan a ser criminalizadas mientras que los traficantes quedan impunes. A pesar de que son muchos los países que poseen leyes nacionales en la lucha contra la trata de personas siguiendo los protocolos establecidos por las Naciones Unidas, el tráfico se sigue presentando[6]

El 31 de julio de 2017 el Gobierno de México y la UNODC presentaron la campaña Corazón Azul México: “Aquí Estoy”, cuyos objetivos son :[7]

  • Contribuir a prevenir el delito entre aquellos sectores identificados como de mayor situación de vulnerabilidad;
  • Dar voz a las víctimas de trata de personas y visibilizar los contextos en donde se encuentran;
  • Generar consciencia entre la población para que las personas comprendan cómo muchas pueden ser partícipes de la trata de personas, aún sin saberlo, y
  • Proporcionar información concreta sobre el delito y qué puede hacer la sociedad para apoyar en su prevención, detección y combate.

Además, en México existe la Ley Para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas (LPSTP) ―fue publicada en el Diario Oficial de la Federación el 27 de noviembre de 2007―, la cual tiene como esencia la prevención y sanción de la trata de personas, y la protección, atención y asistencia a las víctimas, con la finalidad de garantizar el respeto al libre desarrollo de su personalidad. Contempla la atención a víctimas y posibles víctimas, residentes o trasladadas al territorio nacional, y a las personas mexicanas en el exterior.[8]