"Las represiones obreras de 1906 y 1907, fueron prueba de que Díaz había perdido su habilidad como negociador político y su capacidad para encontrar soluciones positivas para la mayoría"[1]
Anna Ribera Carbó
Doctora en Historia
2016
 

La Huelga de Cananea estalló el 1 de junio de 1906: ejemplo de la intransigencia patronal y el uso de cuerpos represivos provenientes de los Estados Unidos para poder liquidar las aspiraciones proletarias[2], dejó huella imborrable en la memoria histórica nacional.

La ciudad de Cananea se encuentra en la parte septentrional del distrito de Arizpe, Sonora, a poco más de setenta kilómetros de los Estados Unidos (EUA). A inicios del siglo XX era ésta una pequeña población cuyos habitantes giraban en torno a la mina local, propiedad de “coronel” William Cornell Green, un astuto personaje sin capital propio que había aprendido a moverse en los ambientes bursátiles de Wall Street y había conseguido el apoyo de Porfirio Díaz para apoderarse de la mina y todo su alrededor. Así, había fundado la Cananea Central Copper Company (CCCC), haciéndose llamar “barón del cobre”. No era para menos: dominaba el lugar como si se tratara de un feudo donde los trabajadores eran sus siervos. Controlaba el comercio local a través de una tienda de raya cuyos productos se vendían en dólares, pues eran despensas importadas desde Arizona, EUA. Además, tenía una planta de contratación y líneas ferroviarias: el Ferrocarril Cananea-Río Yaqui y Pacífico, subsidiario de la Southern Pacific Railroad Company, mantenía comunicada la población.

En ese entonces Cananea comenzó a vivir un intenso proceso de poblamiento, volviéndose espacio de atracción para inmigrantes de diverso origen social y geográfico, mineros originarios de, sobre todo, los estados de Chihuahua, Sinaloa y Baja California[3], pero también los había estadounidenses e inmigrantes negros y chinos[4], víctimas de discriminación y persecución.

La discriminación, sin embargo, de igual forma se daba hacia los mineros mexicanos. No se les dejaba acceder a puestos especializados y se les pagaba en pesos, cuando a los trabajadores estadounidenses se les daba el jornal en dólares y eran ellos quienes ocupaban las posiciones privilegiadas. Esto ha sido considerado por muchos historiadores como una división interna dentro del gremio laboral de la mina, pero en realidad el colectivo se apoyaba sin importar si se era mexicano o estadounidenses.

El movimiento obrero original de Cananea tenía vínculos con el proletariado del vecino país del norte. Compartían un enemigo, el capitalismo, y contra él unificaban fuerzas en la toda región fronteriza. Los colectivos de socialistas, anarquistas y sindicalistas revolucionarios de los Industrial Workers of the World (IWW- Obreros Industriales del Mundo) jugaron un gran papel en la formación del Partido Liberal Mexicano (PLM), y varios trabajadores de la mina de Cananea eran simpatizantes de los IWW.

Los hermanos Magón y los IWW enviaron delegados a la mina para promover la movilización. Había en el lugar un grupo liberal, la Unión Liberal Humanidad, cuya lucha iba por la vía de la paz y la negociación. La mayoría de sus miembros no eran obreros, eran personal administrativo, comerciantes e intelectuales. Juan José Ríos, Manuel M. Diéguez y Esteban Baca Calderón eran sus representantes. La contraparte la formaban los miembros del Club Liberal de Cananea, anarcosindicalista, a cuya cabeza estaban Lázaro Gutiérrez de Lara, abogado, y Esteban Bermúdez, quien había llegado al pueblo en 1905 como delegado del periódico Regeneración. Su línea de lucha era la acción directa. Bermúdez, además, era el enlace con la dirección del PLM en San Louis Missouri y con la Western Federation of Miners (WFM) en Douglas, Arizona, el sindicalismo minero estadounidense más revolucionario.

Todo este movimiento no era ajeno al espionaje policial. Los protagonistas fueron espiados. Se supo de sus reuniones para preparar la huelga, y de sus volantes y propaganda de educación política y concientización. A William C. Green se le avisó a tiempo del llamado a huelga para el 1 de junio de 1906, por ello pudo tender los hilos de la represión. Primero mandó un telegrama al gobernador del estado, Rafael Izábal, pidiendo su presencia y el envío de tropas. Solicitó a la par el apoyo estadounidense: directo al presidente Theodore Roosevelt, y al gobernador de Arizona, Joseph H. Kibbey. Éste autorizó la salida, desde el centro minero de Bisbee, de 275 policías rurales paramilitares (Arizona Rangers), quienes en la madrugada del 2 de junio cruzaron la frontera en Naco. Izábal los recibió: ante él presentaron juramento como “voluntarios”, y a su capitán, Thomas H. Rynning, se le reconoció cargo similar como miembro del ejército oficial mexicano.

El 3 de junio, tanto el empresario como el gobernador negaron las demandas de los huelguistas. Ante las amenazas, los obreros protestaron aún más, y fueron violentamente reprimidos desde esa jornada hasta la del día 4. Los rangers se habían ido con la llegada de los rurales mexicanos, a los cuales se sumaron cerca de cien soldados para colocar al pueblo bajo ocupación militar. Hubo aprehensiones de todo tipo, y cerca de cien mineros murieron en la prisión[5]. Los cabecillas de la Unión Liberal se habían deslindado. Gutiérrez de Lara y Bermúdez lograron escapar a los Estados Unidos. El resto de los líderes fue juzgado: se les dieron quince años de cárcel en San Juan de Ulúa, la pena terminó en 1911 con el triunfo de la revolución.

La Huelga de Cananea fue una lección de valentía y defensa de derechos, de lucha por la libertad, la justicia y la igualdad. Sirvió de inspiración a la causa revolucionaria y a los movimientos unionistas de ambos lados de la frontera. Como modelo de insurrección contra el capitalismo, fue precursora de otras huelgas mineras y laborales.

Cien años después, el 1 de junio de 2006, los mineros de Cananea mantuvieron en alto su lucha anticapitalista. A lo largo de su historia, la mina había pasado por varias manos: la empresa Anaconda Copper Company, a quien Green vendió sus derechos; el Estado mexicano (como paraestatal, tras la adquisición de la mayoría de sus acciones en 1971 y su nacionalización en 1982); fragmentada tras la privatización del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y bajo el Grupo México.

En el centenario, el Grupo México intentó impedir la conmemoración de los Mártires de Cananea, pero los mineros no se dejaron: se lanzaron a una huelga de cincuenta días con sus compañeros de las minas “La Caridad”, en Nacozari, y “La Calera”, en Agua Prieta. Siendo la mayor cuprífera de América Latina[6], a su batalla se unieron otros colectivos, como los acereros de la siderúrgica SICARSTA-Las Truchas en Lázaro Cárdenas, Michoacán [7]. Entonces, como cien años antes, las fuerzas militares y policiacas intentaron acabar con el movimiento, pero no lograron. Tan sólo un recurso ilegítimo, la rescisión del contrato colectivo, pudo terminar con el levantamiento… Cuando en 2010 la Suprema Corte de Justicia de la Nación falló a favor del Grupo México, la mina fue tomada y se reprimió a los huelguistas. El tantas veces heroico pueblo de Cananea, sin embargo, entre nostalgias y abandono, en quiebra, resiste[8].

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