“En el sentimiento número 12, sin duda el más citado por lo elevado de sus conceptos de
validez universal, coincide también con su maestro [Miguel Hidalgo y Costilla], cuando
éste señaló que le Congreso debía dictar “leyes suaves” que abatieran la pobreza.”

Patricia Galeana, historiadora
“La declaración de principios de José María Morelos” [1]

 

El 14 de septiembre de 1813, José María Morelos y Pavón, dio inicio al Congreso del Anáhuac con la lectura de un documento donde los principios éticos de cualquier nación libre y soberana, justa y equitativa, se vertieron como sentimientos capaces de integrar una nueva nación, un México diferente con claridad para distinguir entre el vicio y la virtud.

Ser y sentirse como nación. ¿Qué podía significar eso para un país en plena lucha después de tres siglos bajo dominio colonial? Morelos tuvo clara, con López rayón, la necesidad de definirlo para que el pueblo mexicano en lucha contra la explotación que hasta entonces había vivido pudiera forjar verdaderamente un país con principios propios y con base en el rescate de la cultura antigua, mexicana, originaria, que tan brutalmente le había sido arrebatada para implantar en su lugar otra, quizás válida en sí, pero ajena, extranjera, símbolo del conquistador y su centro de origen: Europa. Ante la idea eurocentrista, Morelos y sus compañeros de insurgencia alzaron una bandera: el sentimiento, el sentido de nación mexicana, de México como nación libre y soberana con su propia cultura y raíces. Escribieron, asentaron, un ideario político claro, y en ello institucionalizaron la noción de Estado mexicano.

El 19 de agosto de 1811, semanas después de que Miguel Hidalgo y Costilla y los otros líderes de la primera etapa de la Independencia nacional cayeran bajo los realistas y fueran asesinados, Ignacio López Rayón ―quien había logrado escapar a esa fatalidad― convocó a los insurgentes a reunirse en Zitácuaro para formar la primera Suprema Junta Nacional Americana, y para abril del año siguiente se había esbozado ya el antecedente de una primera Constitución nacional. Lo que los héroes patrios de la primera etapa no habían logrado asentar ―aunque Hidalgo llegó a plantearlo en Guadalajara con la idea de formar un Congreso con representantes de todas las provincias para institucionalizar, dar cuerpo legal, al movimiento insurgente y a su resultante ―,[2] fue conseguido por los personajes relevantes de la segunda, quienes además de continuar la lucha armada, revolucionaria, contra la Corona española, se preocuparon por forjar, y trasmitir al pueblo, un nuevo sentido de vida y existencia: la identidad nacional, con la soberanía como principio par ante la independencia y la religión católica, y con un esquema organizativo de gobierno que permitiera una justicia con miras en el reconocimiento del pasado, de la injusticia del presente donde estaban inmersos los mexicanos como una realidad a abatir, y la mirada en un futuro de libertad y hermandad entre los habitantes de un nuevo país . [3]

El 28 de junio de 1813, Morelos ―en su calidad de capitán general de los Ejércitos Americanos y vocal de la Suprema Junta Nacional― publicó desde su cuartel en Acapulco, Guerrero, una convocatoria para reunir a representantes de todo el país en un Congreso donde se pudiera opinar y gestar ideas para establecer una nueva nación, donde se garanticen los derechos de todos sus habitantes. Este Congreso, sustituiría a la junta de Zitácuaro. Eligió para ello la villa de Chilpancingo, a la cual reconoció como ciudad, y puso el 8 de septiembre como fecha para el encuentro, la cual se postergó unos días por la situación de guerra existente. La primera sesión fue el 14 de septiembre de ese año, y en ella se designó el siguiente nombre como el oficial del encuentro: Congreso del Anáhuac.

Al utilizar esta palabra náhuatl, abrazaba bajo el nuevo sentimiento de nación a las raíces ancestrales, originarias, de un territorio que volvería a reconocerse libre. La palabra Anáhuac significa “cerca del agua”, y con ella designaban las culturas previas a la conquista a la zona más elevada de la altiplanicie mexicana, del valle de México, cuyos lagos centrales habían permitido la construcción de la Gran Tenochtitlan, y la vida de los tenochcas en armonía con el ese medio lacustre. la población de la región era llamada anahuaca, y en ese pasado glorioso… Morelos arraigó la idea, el corazón, de la nueva nación.

Varios fueron los documentos relevantes en aquella reunión, pero sobre ellos destacó uno: Sentimientos de la Nación. Veintitrés son los sentimientos o principios planteados en él, y están al alcance de quien quiera verlos tanto en papel como en la red . [4]Entre los más importantes está la defensa a los derechos humanos de todos los anahuacas del nuevo México, aquéllos nacidos en América. Los extranjeros no serían admitidos, a menos que fueran artesanos, trabajadores que con sus manos creaban labores honestas (sentimientos No. 9 y 10). También se subrayaba la libertad de las personas al proscribir la esclavitud y la distinción de castas, teniendo como única vara para medir a cada quien lo siguiente: el ser individuos de vicio o virtud (sentimiento No. 15). Tampoco se volvería a admitir la tortura (sentimiento No. 18), y se quitarían todos los tributos opresores en nombre de un correcto administrar las pequeñas contribuciones (sentimiento No. 22). Además, el primer sentimiento es señalaba: Que la América es libre e independiente de España y de toda otra nación, gobierno o monarquía, y que así se sancione dando al mundo las razones. Por otro lado, la soberanía emanaría directamente del pueblo mientras se mantenía, curiosamente por lo que se refiere a tolerancia, una sola religión como válida: la católica.

El Congreso del Anáhuac se clausuró el 6 de noviembre de 1813. Los representantes del país habían discutido los temas libertarios durante poco más de dos meses. El documento que se leyó en el cierre no fue menos importante que el de apertura. se trató del Acta Solemne de la Declaración de Independencia de la América Septentrional, cuyos dos redactores principales fueron Andrés Quintana Roo ―el esposo de Leona Vicario― y Carlos María Bustamante. En ella quedaba radicalmente planteada la separación de España .[5]

Cerca de un año después, el 22 de octubre de 1814, los preceptos de esta reunión se ratificaron, fortalecidos, en el Congreso de Apatzingán, con el Decreto Constitucional para la Libertad de la América Mexicana, mejor conocido por nosotros como Constitución de Apatzingán.

En los últimos tiempos, algunos de los Sentimientos de la Nación han vuelto a ser punta de lanza para recuperarnos como país. Este 14 de septiembre, la importante proclama cumple 207 años de existencia. la mejor manera de celebrarlo es releyéndolos, comentándolos, reflexionando.