Albino García Ramos  Héroe de la Independencia.  Fusilamiento 8 de junio
““Era terror del Bajío
El manco Albino García
Gran jinete machetero
Hasta perderse de vista

De tan agudo chirúmen
Tal travesura y tal chispa
Que le llamaban los viejos
El coco de los realistas”

“Romances de la Guerra de Independencia”
Guillermo Prieto y otros poetas siglo XIX

 

Albino García Ramos nació en Cerro Blanco, Salamanca, Guanajuato, México el 8 de marzo de 1774 y falleció el 8 de junio de 1812 en México. García fue un indio puro, de la clase más humilde y atrevido que trabajaba en las haciendas inmediatas a Valle de Santiago, rica población de la intendencia de Guanajuato. Fue un guerrillero mexicano que operó, en la región del Bajío desde el inicio de la Guerra de Independencia de México, en 1810, uniéndose al cura Hidalgo. Conocedor del territorio, uso sus grandes habilidades de charrería, para infligir grandes derrotas a los realistas españoles, hasta que fue capturado, fusilado y desmembrado, como ejemplo de castigo en 1812.[1]

Durante su juventud montaba caballos intratables y en una de tantas ocasiones, un animal casi salvaje le ocasionó una tremenda caída que le astillo los huesos del brazo izquierdo, dejándoselo inútil. Por esta razón, le llamaron desde entonces el “Manco” García.[2]Otras fuentes aluden a un accidente por sus actividades de comercio y contrabando con pólvora y tabaco.

Al estallar la guerra de Independencia “El Manco” García, se unió con entusiasmo a las fuerzas de Miguel Hidalgo y Costilla, al encontrarse en Salamanca el 23 de septiembre de 1810. Albino conocía los excesos, abusos y sufrimiento del pueblo en manos de los españoles, los sufrió en su infancia y a lo largo de su vida a través de su ir y venir por todo el Bajío, fue testigo de situaciones similares a todo su alrededor. Tanta injusticia lo violentaba y lo hacía rebelarse en su interior, buscando la manera de revertir estas situaciones de abusos y de violencia, por eso cuando se presentó la oportunidad de integrarse a las fuerzas insurgentes de Hidalgo no lo dudó. Eran casi los últimos días de septiembre de 1810, y junto a Lucas Flores comenzó a hacer la guerrilla a los realistas de la zona. Conocido como hombre atrevido y capaz de acometer difíciles y arriesgadas aventuras, muy pronto consiguió reunir a su lado a un grupo de hombres igualmente osados y resueltos.[3]

Al inicio, Albino fue derrotado consecutivamente por su falta de experiencia, pero aprendió y rápidamente comenzó el desarrollo de su genio militar y empezó a brillar con sus victorias. Siendo un magnífico jinete a más de veloz, era capaz de recorrer enormes distancias rápidamente. Su enorme conocimiento del Bajío de todos sus cerros, montañas, grutas, y escondrijos, adquirido gracias a su trabajo como conductor de recuas por todo el estado, y también gracias a las artes de charrería que había desarrollado con gallardía, el Manco García se transformó en un elemento clave de las fuerzas insurgentes comandadas por Miguel Hidalgo y Costilla.

Era implacable cuando estaba en la lucha y entraba en los pueblos a despojar de todo lo necesario para la causa, pero también destacaba por su nobleza de corazón y su alegría y su gusto por la música de “jarabes”. En su fiel Cabrón o Cabro, como bautizó a su caballo, recorrió distancias inimaginables con la velocidad del rayo, desconcertando con ello a sus enemigos que no podían ni siquiera figurarse en dónde aparecería la siguiente vez.[4]Durante los siguientes dos años tuvo en continuo asedio a los ejércitos realistas que lo perseguían, y a quienes siempre burlaba, y también se dice que su esposa Guadalupe Rangel encabezaba el ataque contra los realistas, montada a caballo con un sable en la mano y animando a gritos a los insurgentes.[5]

Albino García fue un hombre comprometido con la lucha por la Independencia de México, distinguiéndose por su audacia y valentía, y por las brillantes acciones de guerrilla que había desarrollado durante más de un año para impedir el tráfico de barras de plata de Guanajuato a Querétaro. Sus acciones motivaron grandes quebrantos para las tropas realistas, por su habilidad ecuestre, desarrollo técnicas de ataque como “formar el corral” o el “lazo” con las cuales encerraba al ejercito enemigo y los lazaban e impedían que se movieran cayendo sobre de ellos haciéndolos trizas. García que de las derrotas resurgía con más fuerza era acompañado de su amigo y fiel secretario el fraile agustino Fray Gelasio de Jesus Pérez, quien estuvo en los combates al lado de Albino, hasta que el fraile fue hecho prisionero y acusado de cómplice y partidario de la Independencia.

Siempre en continuo movimiento, Albino con su ejército asolaba a los realistas en diversas ciudades de Guanajuato: Salamanca, Celaya, Irapuato, León, Pénjamo, Dolores, San Miguel, las correrías de Albino continuaban y los realistas se movilizaban de un lugar a otro para exterminarlo. No tenían éxito, Albino y su gente dominaban la región internándose a veces en Aguascalientes, y hasta Michoacán y Jalisco.

Por órdenes del general Félix María Calleja, Alejo García Conde y el capitán Agustín de Iturbide unieron sus fuerzas para atrapar al caudillo insurgente, en la madrugada del 5 de junio de 1812, en Valle de Santiago, mientras dormían fueron tomados los cuarteles y la casa que ocupaban por la sorpresa, fueron apresados alrededor de ciento cincuenta de sus compañeros, sin contar con otros tantos que murieron en la desordenada resistencia que quisieron oponer. Iturbide mandó fusilar a todos los prisioneros, con excepción de los hermanos García, que reservó para entregarlos a las fuerzas de su acérrimo perseguidor García Conde. Esta acción dio a Iturbide fama de cruel y sanguinario, Al “Manco” García lo apresaron los soldados Miguel Sardineta y José Uribe. El 8 de junio fue fusilado en Celaya. Su cadáver fue descuartizado y, como se acostumbraba para atemorizar y bajar la moral rebelde, su cabeza fue colocada en un sitio y sus manos a otro. La mano lastimada, la causante de su apodo, fue enviada a Salamanca.[6]

Albino Garcia, El Manco, héroe olvidado por la historia oficial, fue un humilde peón de rancho, pero con una audacia y habilidades enormes, y sobre todo con un corazón verdaderamente apasionado que puso incondicionalmente al servicio de la Patria, un caudillo que lucho por la libertad, la justicia y para que la población tuviera una vida digna.