Matanza en Golonchan Viejo, Chiapas.  15 de junio
“Estamos dispuestos a luchar por la
organización, a buscar la tierra, porque no
tenemos nada…Si hay asamblea que decida
nuevamente que se han agotado los recursos
legales y que hay que invadir, lo haremos.”

Sebastián López Mendoza
Indígena

 

El domingo 15 de junio de 1980 en la comunidad de Golonchán Viejo, municipio Sitalá, Chiapas, se presentó un fuerte contingente de soldados. Primero con bombas lacrimógenas, y después con una nutrida balacera, provocaron la muerte de doce personas y cuarenta heridos, y expulsaron de su poblado a cientos de familias. Días atrás, en Yajalón, la policía ya había atacado a un grupo de familias de Golonchán, dejando varios lesionados y un muerto. Como suele ocurrir, aquella fue una tragedia anunciada[1], y no sólo para Golonchán. Viviendas quemadas y 723 familias expulsadas a la montaña, fueron cifras a sumar: todas las víctimas eran militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST), y mayoritariamente tzeltales. Gobernaba el estado Juan Sabines Gutiérrez.

Ese año se habían cumplido 28 de reclamo indígena de Sitalá por sus tierras. Cansados de la infructuosa petición, las familias tomaron las de la finca Wolonchán (castellanizado como Golonchán), propiedad del cacique Mario Flores. En defensa de los intereses de éste, el 30 de mayo de 1980 la policía estatal entró a la finca, mató a un campesino e hirió a otros dos. Y conforme a su dignidad y visión, la comunidad se mantuvo en resistencia.[2]

Dos semanas después, el 15 de junio, fue cuando un grupo de militares adscritos a la 31 zona militar, a cargo de Absalón Castellanos, allanó la finca, lanzó bombas de gas lacrimógeno, y disparó contra hombres, mujeres y niños.[3]

En la Matanza de Golonchán Viejo fueron violados los siguientes derechos humanos:

  1. Vida
  2. Libertad
  3. Integridad personal
  4. Derechos del niño