Precursores de la independencia de México arrestados y encarcelados: Don Juan Francisco de Azcarate y Lezama, Primo Verdad y Padre Fray Melchor Talamantes
““La desgracia del virrey, la noche del 15 de septiembre de 1808, acarreó la de Primo de Verdad y el licenciado Azcárate, quienes dirigían al Ayuntamiento considerado la cabeza del Partido novohispano frente al europeo.
El golpe de estado encabezado por Gabriel de Yermo tendría como consecuencias la exacerbación del resentimiento criollo y el surgimiento de las conspiraciones de Valladolid y Querétaro.
Los insurgentes de 1810 llegarían a decir que el golpe de estado era una de las causas de la rebelión, por haber ofendido la dignidad del pueblo.”
Óscar Cruz Barney, jurista
La crisis de 1808 en la Nueva España” Instituto de Investigaciones Jurídicas UNAM

 

Melchor de Talamantes, Francisco de Azcárate y Lima y Primo de Verdad fueron arrestados el 16 de septiembre por los Patriotas de Fernando VII, bajo las órdenes de Gabriel Yermo, acusados de sublevación por haber intentado dar, a media crisis de 1808, la soberanía al pueblo. Sólo uno de estos precursores y protomártires de la Independencia sobreviviría a aquel encierro .[1]

El 19 de marzo de1808, en España el rey Carlos IV se veía obligado ante la ocupación de las tropas napoleónicas de abdicar a favor de su hijo Fernando VII. Sin embargo, Napoleón no reconoció este movimiento, ya que dudaba que el joven príncipe recién hecho rey fuera una persona fácil de manipular. por lo mismo, en mayo de ese año lo invitó a reunirse en el palacio de Bayona, en el sudoeste de Francia, forzándolo a restituir la corona a su padre, quien a su vez se la dio a Napoleón. Fue así como el emperador francés pudo nombrar a su hermano, José Bonaparte, rey de España en junio de 1808, apresado a Fernando y manteniéndolo cautivo por seis años -de ahí el grito de la Independencia de Hidalgo, y algunos planteamientos posteriores, a favor de este personaje y su liberación-.

Cuando en la Nueva España se supo la noticia, el descontento entre los criollos no tardó en manifestarse y, negándose a estar a la sombra de los franceses, algunos de ellos comenzaron a pensar en una independencia. Con esta idea, el 19 de julio de 1808, Juan Francisco Azcárate y Lezama, Regidor del Ayuntamiento de la Ciudad de México, y Juan Francisco Primo de Verdad y Ramos, Síndico, propusieron al virrey José de Iturrigaray formar una Junta Provisional con base en el pueblo, pues a su considerar en éste debía recaer la soberanía a falta del rey. El virrey aceptó. En el grupo también se encontraba Melchor de Talamantes [2], un fraile mercedario peruano de pensamiento liberal que veía en aquella crisis una verdadera oportunidad de completa independencia de la metrópoli colonial. Entre sus propuestas estaban la formación de un Congreso y la autonomía de la nueva España.

La situación no fue del gusto de los españoles en Nueva España, quienes temieron que la idea de autonomía y autogobierno fuera asumida por los pueblos originarios, levantándose éstos en una revolución contra los terratenientes que los explotaban. Además, dudaban de las verdaderas intenciones de Iturrigaray, a quien creían capaz de estar manipulando todo para hacer del virreinato un reino con él en el trono. Así se formó el grupo de los “Patriotas de Fernando VII”, alrededor de trescientos hombres que, bajo la coordinación del hacendado Gabriel Joaquín de Yermo, tomaron la casa del virrey el 15 de septiembre de 1808, apresándolo y colocando en su lugar a Pedro de Garibay .[3]

En el lugar estaban los documentos de los miembros del Ayuntamiento y los escritos de Melchor de Talamantes -como el Alegato relativo a la Soberanía e Independencia de México o el Congreso Nacional del Reino de la Nueva España, entre otros-, donde defendía su ideario de reconocimiento al pueblo como ente capaz de gobernarse a sí mismo. Estos escritos lo colocaron en la mira de los sublevados como autor intelectual del movimiento .[4]

El 16 de septiembre, Azcárate, Primo de Verdad y Talamantes fueron aprehendidos, en medio de una represión cuyo lema fue: “Encierro, entierro o destierro”. La suerte de estos tres presos políticos fue, en principio, la misma: la cárcel, pero sólo uno de ellos sobreviviría para ver consumada la independencia. Se trata de Azcárate y Lezama. Primero fue encerrado en la prisión del Arzobispado, donde el Santo Oficio había llevado adelante sus “juicios”, pero poco después se le trasladó al convento de Betlemitas, donde después de procesarlo se le halló culpable, sentenciándolo a permanecer en prisión. Cuando el movimiento de Hidalgo inició, aún se encontraba ahí, pero al no parecerle el método de la insurgencia escribió en su contra. Por ello se le liberó en 1811. Por diez años se mantuvo ajeno a la dinámica de la guerra, hasta que Agustín de Iturbide lo invitó a integrarse a la Junta Suprema provisional Gubernativa en 1821, participando en la firma del Acta de Independencia del Imperio mexicano.

Los otros dos presos no volvieron a salir de prisión. Melchor de Talamantes era cura, así que la Inquisición intervino en su proceso acusándolo de más de cien cargos. No se le permitió tener un defensor y asumió su defensa dando ejemplo de sentido de la vida y dignidad. Había sido encerrado en principio en la prisión del Arzobispado, pero en 1809 lo sentenciaron a la pena máxima en España. Para ello lo trasladaron a San Juan de Ulúa, en Veracruz. Como a la mayoría de los presos ahí, la fiebre amarilla y el vómito prieto acabaron con él. También se dijo que había sido envenenado. Murió el 9 de octubre de 1809.

Finalmente, Primo de Verdad también fue a parar en principio a la cárcel del Arzobispado. Trágicamente, no sobrevivió ni un mes. Lo encontraron muerto en su celda el 4 de octubre de 1808. Nunca se supo a ciencia cierta por qué murió, pero entre las teorías de la época circuló que había sido asesinado por los españoles de Yermo, temerosos que desde su prisión pudiera dar vuelo a la libertad de las ideas de autonomía y soberanía popular .[5]

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