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Fecha2021
Asunto:
“El espíritu de la institución que dejó fue el de proteger la enseñanza de la niñez absolutamente pobre, y a ese fin abrió sus escuelas en los barrios más apartados de la ciudad, allí donde la miseria agrupa en caserones infectos y en calles malsanas a sus legiones de desheredados.”
 
Ignacio Manuel Altamirano
Los imprescindibles
 
 

Educador, benefactor y filántropo, Miguel Vidal Alcocer nace en la Ciudad de México el 28 de abril de 1801. Olvidado muchas veces por quienes rescatan la historia, este personaje, que también fue insurgente en las filas de José María Morelos y Pavón, funda las primeras escuelas de beneficencia del México independiente, asentando las bases de los sistemas de asistencia y cuidado de la infancia en el país. Muere también en la capital del país, el 22 de noviembre de 1860.

Vidal Alcocer estudió en los colegios de San Juan de Letrán y de los Betlemitas, para —según narra Humberto Tejera en Cultores y forjadores de México (1929)— dedicarse primero a varios oficios, como la encuadernación y la armería. También intentó ser soldado y enlistarse en el ejército novohispano, pero la obediencia a un mundo déspota no era lo suyo y, en contraparte, siendo apenas un joven optó por luchar por la libertad, integrándose a las fuerzas insurgentes bajo el mando de Morelos. Sucedió esto en 1814, y para ello abandonó su trabajo en la Casa de Moneda. Tenía unos trece años, y fue la lucha por la independencia lo que terminó de forjar su solidaridad con la clase más humilde y miserable de la sociedad de entonces.

Si bien durante los primeros veinte años del México independiente se mantuvo trabajando en el servicio público, nada parecía satisfacerle. Finalmente, a partir de 1841 una idea cobró fuerza en su cabeza, al grado de poner todas fuerzas y capacidades en llevarla a cabo. Se trató de la fundación de una sociedad para el bienestar de la infancia, para su beneficencia, pero no con la mera actitud caritativa, sino con el objetivo de hacer de la educación de la niñez más pobre una herramienta para que pudieran salir de la miseria y avanzar con dignidad en la vida. La idea se consolidó el 6 de octubre de 1846, con el nombre de Sociedad de Beneficencia para la Educación y Amparo de la Niñez Desvalida. Seis años después, en 1852, esta asociación había logrado dar alimentación, hogar y educación a aproximadamente cuatro mil niños, a través de veinte escuelas en catorce de los barrios más pobres de la capital mexicana.

Cuando el gobierno de se dio cuenta de este logró, colaboró con un 25 % de los impuestos por barril de aguardiente. El resultado fueron trece escuelas más, con siete mil alumnos, niñas y niños[1]. Era 1859. Para entonces, Miguel Vidal Alcocer llevaba trece años financiando e impulsando un nuevo modelo de instrucción pública y primaria a partir de la fundación de las primeras escuelas de beneficencia en la República Mexicana. Había sido el primer maestro de los pobres. Sus beneficiados eran los hijos de los carniceros, las vendedoras de comestibles, los curtidores, los trabajadores barriales y gente dedicada a los oficios mas humildes[2].

La primera escuela de beneficencia se instaló en el cubo de la torre de la iglesia de Santo Tomás de Palma, en el barrio de la merced. Fue esta un aula piloto, a la cual siguió, en 1845, “La Pradera”: espacio abierto y lleno de árboles, incluyó juegos infantiles, su objetivo era la recreación de niñas y niños en compañía de sus madres y padres[3]. A la vez funcionaba como centro de convivencia vecinal y familiar, fortaleciéndose a través de él los lazos de la comunidad.

Miguel Vidal Alcocer murió el 22 de noviembre de 1860. Tenía 59 años de edad. Hombre sencillo, dejó huella y acción, pues la Sociedad se mantuvo tras su fallecimiento. Según Ignacio Manuel Altamirano, en 1870, al año siguiente de la muerte de nuestro personaje, había en la Ciudad de México 71 escuelas primarias gratuitas: 42 dependían del ayuntamiento; 11, de la Sociedad de Beneficencia Lancasteriana, y 17 estaban a cargo de la Sociedad de Beneficencia para la Educación y Amparo de la Niñez Desvalida. Llegaron a sostener 33 escuelas para niñas y niños de escasos o nulos recursos[4]. No en vano, a Miguel Vidal Alcocer se le puede considerar Benemérito de la Instrucción Pública en México.


[1] http://biblioweb.tic.unam.mx/diccionario.htm/biografias/bio_a/alcocer.htm
[2] https://www.cronica.com.mx/notas/2004/125009.html
[3] idem
[4] http://biblioweb.tic.unam.mx/diccionario.htm/biografias/bio_a/alcocer.htm

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Fecha2021
Asunto:
“Carrera Torres fue conducido de la cárcel militar ubicada donde hoy se encuentra el edificio de la Rectoría de la UAT (Universidad Autónoma de Tamaulipas); caminó por toda esta calle Morelos escoltado por el pelotón de fusilamiento, hasta este Panteón en donde se daría cumplimiento a la sentencia que terminó con su vida
 
Juan Antonio Lugo
Cronista
 
 

Alberto Carrera Torres, nació el 23 de abril de 1887, en rancho Atarjeas, municipio de Bustamante, región serrana de Tamaulipas. Fue maestro rural de primeras letras, estudiante de leyes y militar revolucionario, quien expidió en 1913 la primera Ley Ejecutiva de Reparto de Tierras en México, que es el primer ordenamiento legal agrario de la República mexicana. Maestro comprometido en la defensa de los derechos de los más necesitados, y poblaciones vulnerables, defensor de los campesinos, indígenas y obreros

Realizó sus estudios en Tula, Tamaulipas, bajo la dirección del profesor Manuel Villasana. Fue maestro de primeras letras y estudió por su cuenta derecho. Fue nombrado director de la escuela primaria de Miquihuana en 1907. Lector asiduo de Regeneración, periódico del Partido Liberal Mexicano, formó parte del grupo liberal que encabezaba en Tula el profesor Villasana y sirvió como enlace con los descontentos de Miquihuana[1].

A partir de 1905 Alberto Carrera se afilió al Partido Liberal Mexicano y posteriormente emprendió una lucha a favor de los desamparados y es así como comienza a brindar asesoría. Se adhirió al Movimiento Político Maderista en 1909. Brindo un fiel apoyó a trabajadores en defensa de los hacendados quienes mandaron golpearlo y de igual forma recibió un balazo en la pierna, cuyas complicaciones años más tarde le causaría la amputación de la misma. Dentro de esta lucha a favor de los trabajadores y recolectores de lechuguilla en 1908 fue aprehendido acusado de instigar un motín de este sector vulnerable que lo único que pedía era un trato digno y el respeto a sus derechos humanos; afortunadamente se libró de la cárcel gracias a los buenos oficios de Ibargüengoitia y de Villasana[2].

Alberto Carrera fue perseguido, encarcelado y torturado drásticamente en una pierna, en 1910 se levantó en armas en la zona limítrofe entre Tamaulipas y San Luis Potosí. A fines de 1910 organizó el «Ejercito Liberador de Tamaulipas», y tomó la villa de Tula Tamaulipas el 21 de mayo de 1911[3].

Al consumarse el asesinato de Madero y Pino Suárez, presidente y vicepresidente de la República en febrero de 1913, Alberto Carrera fue el primero en el país que desconoció al usurpador Victoriano Huerta; pero al levantarse en armas dio a su lucha un sentido revolucionario, pues desde las montañas del suroeste de Tamaulipas, expidió el 4 de marzo de 1913, la Ley Ejecutiva Agraria, que como acción política y de armas desconoció a Victoriano Huerta, aún antes del Plan de Guadalupe de Venustiano Carranza; y como proyecto revolucionario afrontó el problema agrario con la confiscación de los grandes latifundios para el reparto de sus tierras a los campesinos y la restitución de éstas a los pueblos de indios despojados; propone la industrialización de las minas, la construcción de caminos, presas y sistemas de riego para la agricultura; desconoce la deuda interior del porfiriato y cancela deudas a los peones y los campesinos[4].

Durante aproximadamente más de un año vivió de cárcel en cárcel: Tlaltelolco, Guadalajara, Monterrey, y finalmente a Ciudad Victoria, en donde se le formó un consejo de guerra que lo condenó a muerte por órdenes de Luís Caballero Vargas. Con tan solo 29 años de edad fue fusilado, un 16 de febrero de 1917 en el panteón del Cero Morelos de Ciudad Victoria. Muere así convencido de su causa, uno de los héroes más entregados a la defensa de los derechos por el respeto a la igualdad y justicia de los más necesitados.


[1] https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/CTA88.html
[2] https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/CTA88.html
[3] https://www.tamaulipas.gob.mx/fomentocivico/personajes-historicos/gral-alberto-carrera-torre/
[4] http://bibliotecavirtual.itca.gob.mx/wp-content/blogs.dir/75/files_mf/1440172687carreratorresCOMPLETO.pdf

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Fecha2021
Asunto:
“Durante su prisión, permaneció con grilletes en los pies. Era necesario sacarlo en hombros fuera del calabozo para que tomase un poco de sol. Sus propiedades fueron confiscadas y, para procurarse recursos, empleaba el tiempo en fabricar cigarreras de cartón, que adornaba con papeles de colores. Las monedas que obtenía las utilizaba en comprar chocolate y tabaco. Así permaneció hasta el restablecimiento de la Constitución de Cádiz, que hizo posible la liberación de los presos políticos.”
 
David Guerrero Flores
“Vida de un Bravo” INEHRM
 
 

Caudillo de la Independencia de México, Nicolás Bravo Rueda nace el 10 de septiembre de 1786 en la hacienda de Chichiualco, propiedad familiar cercana a Chilpancingo, en Guerrero. Insurgente destacado por su espíritu solidario y humanista, también destaca como político, llegando a ser presidente de México en tres ocasiones. Muere el 22 de abril de 1854, en el mismo lugar familiar donde nació[1].

De familia terrateniente criolla, hijo de Leonardo Bravo y Gertrudis Rueda, Nicolás Bravo creció en un medio donde era común la crítica a la Corona Española y sus excesivas medidas administrativas hacia los novohispanos del siglo XIX, así como los planteamientos acerca de la necesidad de liberarse de esas cargas. Tanto era así que antes de su involucramiento en la causa independentista, su padre se negó en 1810 a formar una compañía de auxiliares realistas con sus hijos y hermanos, viéndose obligados a escapar de las autoridades virreinales y refugiarse en las cuevas de Michapa. En 1811, tropas virreinales intentaron aprehenderlos, pero la guerrilla insurgente de Hermenegildo Galeana los defendió, integrándose a la lucha toda la familia. Mientras el padre construía material bélico, expedía pasaportes y administraba, los hijos se destacaron en el campo de batalla. Nicolás Bravo participó en diversos encuentros de costa a costa, desde Guerrero hasta Veracruz, bajo las órdenes superiores de José María Morelos y Pavón[2].

Estuvo presente en la toma de Oaxaca y en el sitio de Cuautla y Acapulco. En agosto de 1812, dio ejemplo de su generosidad al perdonar la vida y otorgar la libertad a trescientos soldados realistas, quienes habían sido derrotados por sus tropas en San Agustín del Palmar, cerca del puerto de Veracruz. La acción se realizó cuando el virrey Francisco Xavier Venegas y Saavedra hizo prisionero a Leonardo Bravo, e intento “negociar” con Nicolás una rendición a cambio del indulto a su padre. Éste había sido capturado en la hacienda de San Gabriel, y trasladado a la capital para ser ejecutado. Ante la digna lección de Nicolás, la cobardía de Venegas se impuso ejerciendo sobre Leonardo Bravo una muerte ejemplar: fue asesinado mediante garrote vil en la Calzada del Ejido (hoy, Avenida Juárez) [3].

Nicolás Bravo, fue sin duda un hombre que en su época defendió la dignidad humana, entendida, no solamente como el fundamento de todos los derechos humanos, sino que, además, concebida como el objeto de un derecho específico. Que hoy en día, ha sido establecido expresamente tanto en el artículo 1° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, como, en instrumentos internacionales, como, por ejemplo, en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, también llamada Pacto de San José, en la cual en su artículo 11° menciona toda persona tiene derecho al respeto de su honra y al reconocimiento de su dignidad, y en la Declaración sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, un derecho a que se reconozca, se proteja y no se viole, la dignidad inherente a toda persona. Es decir, el derecho a la dignidad. Siguiendo con la historia, entre 1813 y 1814, resguardó a la Junta de Zitácuaro y a los miembros del Congreso de Chilpancingo, apoyando a los constituyentes de Apatzingán. A la caída de Morelos, en 1815, Nicolás Bravo se mantuvo como defensor de la Junta de Jaujilla, hasta 1817. Ese año fue hecho prisionero por los realistas, permaneciendo como preso político hasta el 13 de octubre de 1820, cuando pudo salir libre bajo fianza a consecuencia de la amnistía decretada por Fernando VII, presionado a su vez por las leyes liberales de la Constitución de Cádiz. De inmediato se reintegró a la lucha insurgente, sumándose al Plan de Iguala. El Congreso Constituyente de 1821 lo nombró miembro de la Regencia, pero al instalarse Agustín de Iturbide como emperador, Bravo retomó la lucha hasta ver instaurada la República. Fue vicepresidente durante el gobierno de Guadalupe Victoria, y tres veces presidente de México: la primera, como interino, duró días, en julio de 1839; la segunda, como sustituto, duró unos meses (octubre de 1842 a mayo de 1843); la tercera, también interinato, abarcó de julio a agosto de 1846. En ninguna ocasión tuvo la intención de quedarse en el poder, su objetivo fue siempre fortalecer la posición Ejecutiva y reorganizar al gobierno, erradicando cualquier señal de autoritarismo o despotismo. Nicolás Bravo también participó en 1833 en la campaña contra los texanos independentistas, y en 1846 destacó por la defensa de los departamentos de Puebla, Veracruz, Oaxaca y Tabasco ante la invasión estadounidense, teniendo siempre en cuenta la independencia de México y el derecho a la revolución, el cual, podemos encontrar su fundamento en el artículo 2° de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano[4] de 1789, al establecer el derecho a resistir a la opresión, misma idea que se encuentra en el artículo 4°de la Constitución de Apatzingán[5].

Constitución que se basó en las francesas de 1793 y 1795[6].

Por otro lado, en 1847, tras encabezar la heroica defensa del Castillo de Chapultepec, fue hecho prisionero. Cuando Santa Anna lo acusó de esconderse y ser un traidor, Bravo solicitó ser juzgado para poder salvar públicamente su dignidad y honor, invocando con ello, un derecho fundamental que encontramos, tanto en el artículo 14° de nuestra Constitución Política mexicana[7], como en el 8.1 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos[8].

El derecho al debido proceso. La ruptura entre Antonio López de Santa Anna y Nicolás Bravo se dio a raíz de esto. Al iniciarse la década de 1850 se retiró, cansado, a su hacienda natal, Chichihualco, donde murió el 22 de abril de 1854, precediendo por sólo tres horas a su esposa Antonina Guevara, también ilustre combatiente. Se había unido a la revolución de Ayutla. Nada ha podido comprobar la historia, pero desde entonces corrieron los rumores de que tras sus fallecimientos estuvo la mano de Antonio López de Santa Anna[9], quien ordenó su envenenamiento. Nicolás Bravo fue declarado Benemérito de la Patria. Sus restos reposan en la Columna de la Independencia, en la Ciudad de México. El aniversario de su muerte es luto oficial en su estado natal, Guerrero.


[1] http://guerrero.gob.mx/articulos/nicolas-bravo-rueda-1786-1854/
[2] https://www.lifeder.com/leonardo-bravo
[3] https://www.biografiasyvidas.com/biografia/b/bravo_nicolas.htm
[4] Artículo 2° Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano: La finalidad de cualquier asociación política es la protección de los derechos naturales e imprescriptibles del Hombre. Tales derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión.
[5] Art. 4° Constitución de Apatzingán: Como el gobierno no se instituye para honra o interés particular de ninguna familia, de ningún hombre ni clase de hombres; sino para la protección y seguridad general de todos los ciudadanos, unidos voluntariamente en sociedad, éstos tienen derecho incontestable a establecer el gobierno que más les convenga, alterarlo, modificarlo, y abolirlo totalmente, cuando su felicidad lo requiera.
[6] https://www.corteidh.or.cr/tablas/r23948.pdf
[7] Artículo 14 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: Nadie podrá ser privado de la libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio seguido ante los tribunales previamente establecidos, en el que se cumplan las formalidades esenciales del procedimiento y conforme a las Leyes expedidas con anterioridad al hecho.
[8] Artículo 8.1 Convención Americana sobre Derechos Humanos
[9] https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/BRN86.html

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Fecha2021
Asunto:
“Fecha que registra la historia de la Armada de México como día en que los cadetes de la Escuela Naval Militar dieron ejemplo de honor, lealtad, valor, y entrega. Dos de ellos, el Teniente José Azueta y el Cadete Virgilio Uribe fueron heridos mortalmente por las balas de los marinos estadounidenses que invadían el puerto de Veracruz. Su ofrenda a la Patria fue el bautizo de sangre de la heroica institución y de los jóvenes cadetes que en ese tiempo cursaban la carrera Naval.”
 
Leoncio Guerrero Salias
Capitán e ingeniero militar naval
 
 

En 1948, por decreto del entonces Presidente Miguel Alemán, el Puerto de Veracruz, recibió la categoría de “Cuatro Veces Heroico”, el único lugar del país que ostenta tal distinción, luego de que fuera escenario de cuatro importantes acontecimientos en diferentes etapas de la historia nacional: la Independencia, la Intervención Francesa, la Intervención Norteamericana y la Revolución Mexicana[1].

La primera se presenta el 18 de noviembre de 1825 cuando tras más de dos años de sometimiento, bombardeos y ataques al Puerto de Veracruz. Finalmente las armas mexicanas asediaron por tierra y mar a los españoles en su último reducto: el fuerte de San Juan de Ulúa. Los colonialistas españoles fueron derrotados y abandonaron definitivamente esta fortaleza. Casi un año más tarde, en 1826, el decreto del Congreso Local, en su artículo séptimo, concedió a Veracruz el primer título de Heroica[2].

Mas tarde encontramos que, Francia reclamaba la indemnización para sus residentes, entre los que se encontraba un pastelero francés, por los daños sufridos durante las distintas revueltas de los últimos años. Debido a la no resolución por parte de México, el Ministro de Relaciones Exteriores francés, envió una escuadra a aguas mexicanas. Es aquí donde encontramos que, el 27 de noviembre de 1838, el Ejército Mexicano, al mando de Antonio López de Santa Anna y Mariano Arista, apostado en el Fuerte de San Juan de Ulúa y en el Puerto, resistió con dignidad y valentía los ataques de la armada francesa ante la negativa de México de reconocer las reclamaciones de indemnización hechas por aquel país. La ironía del pueblo veracruzano bautizó esta contienda como “La Guerra de los Pasteles”. El gobierno nacional premió por medio de varios decretos a los defensores de Veracruz, militares y civiles y en 1900 la Legislatura local concedió a Veracruz el segundo título de Heroica[3].

El tercer nombramiento lo obtuvo por su enfrentamiento contra Estados Unidos, país interesado en adquirir territorio mexicano, es así como abrió fuego sobre el Fuerte de San Juan de Ulúa; dando inició a la Guerra de Intervención en 1847 y, aunque el ejército norteamericano terminó por imponerse, la defensa fue valiente y resistente[4].

Finalmente, el 21 de abril de 1914, durante la Revolución Mexicana, el Puerto de Veracruz de nueva cuenta sufrió una nueva invasión esta ocasión por norteamericanos, cuando aquel país que no reconocía al gobierno de Victoriano Huerta, intentó evitar la llegada de una importante cantidad de armamento, favoreciendo así a las fuerzas constitucionalistas de Venustiano Carranza. La defensa corrió a cargo de los cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar y de grupos civiles voluntarios, que con gran valentía defendieron la integridad de la Nación. Aunque al llegar a Carranza, el poder el Ejército Norteamericano se retiró, las relaciones con aquel país quedaron fracturadas durante muchos años[5].

 


[1] https://mexicotravelchannel.com.mx/estados/20210102/veracruz-cuatro-veces-heroica/
[2] https://www.uv.mx/veracruz/alci/2016/historia-veracruz/
[3] https://www.uv.mx/veracruz/alci/2016/historia-veracruz/
[4] https://mexicotravelchannel.com.mx/estados/20210102/veracruz-cuatro-veces-heroica/
[5] http://internacionales.pri.org.mx/sabiasque/Sabias.aspx?y=4792

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Fecha2021
Asunto:
“Sebastián Lerdo de Tejada, que fue la inteligencia detrás del empecinado valor de Juárez, durante la época de la intervención francesa, que se destacó como uno de los prominentes abogados del liberalismo y que fue un orgulloso nacionalista, quien ocupó los más diversos cargos públicos hasta llegar a la primera magistratura, es, de muy extraña manera, uno de los patriotas y estadistas olvidados de México."
 
Frank A. Knapp Jr.
Historiador
 
 

Sebastián Lerdo de Tejada y Corral nació el 24 de abril de 1823 en Jalapa, Veracruz. Liberal culto y político de ideas radicales. Fue un abogado, ministro de Relaciones Exteriores con el presidente Ignacio Comonfort del 5 de junio al 16 de septiembre de 1857 y presidente de México de 1872 a 1876. Realizó sus estudios en el Colegio de San Ildefonso de la Ciudad de México, se graduó como abogado. Posteriormente, se convierte en profesor de la institución[1].

En 1861 fue electo diputado al Congreso, donde empezó su estrecha colaboración con el presidente Benito Juárez. Como ejemplo de ello encontramos que, luchó junto al presidente Juárez contra la invasión francesa de México. Cuando triunfó la República, llegó a ser, de manera simultánea, ministro de Relaciones Exteriores y de Gobernación, presidente de la Suprema Corte y diputado. Sin embargo cuando Juárez se quedó una vez más en el poder, como presidente de la República, Lerdo, que era su contrincante se distanció de su antiguo compañero y en 1871 contendió por la presidencia de la nación, enfrentando en las urnas a Benito Juárez y a Porfirio Díaz. La popularidad del Benemérito eliminó las posibilidades de sus adversarios, Lerdo permaneció en el marco institucional. Al año siguiente, Juárez falleció y, por disposición de ley, Lerdo asumió la presidencia[2].

Durante su interinato promulgó una ley de amnistía a favor de los que se habían levantado contra las instituciones, pero en la que fueron excluidos los generales imperialistas y con muchas restricciones para los porfiristas, lo que generó un levantamiento de éstos. Sin embargo, logró restablecer la paz y ganar fácilmente las elecciones presidenciales por una notable mayoría el 15 de noviembre de 1872. Como presidente constitucional restableció el Senado; propició una decidida intervención estatal para promover el desarrollo con una orientación nacionalista, por lo que se negó a otorgar concesiones a los norteamericanos; continuó la desamortización de los bienes del clero, aunque se provocaran protestas y rebeliones cristeras; inicio la reorganización de la hacienda pública e inauguró el ferrocarril Veracruz-México lo que significaba el inicio de otro de los proyectos de progreso acariciados por los liberales: mejorar las comunicaciones[3].

De igual manera Lerdo continuó el proceso de cambio iniciado con las leyes de Reforma de Juárez, cuya aplicación se había visto interrumpida por la intervención francesa. Como nuevo presidente, elevó estas leyes a la categoría de constitucionales. En 1876, Porfirio Díaz derrocó el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada, con el Plan de Tuxtepec, por lo que se exilió en Nueva York donde falleció el 22 de abril de 1889[4].

 


[1] http://www.academia.org.mx/academicos-1889/item/sebastian-lerdo-de-tejada
[2] https://www.gob.mx/epn/articulos/natalicio-de-sebastian-lerdo-de-tejada
[3] https://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/LTS23.html
[4] https://www.gob.mx/epn/articulos/natalicio-de-sebastian-lerdo-de-tejada